miércoles, 5 de noviembre de 2014
Ya, bueno, no era como si no hubiese estado lloviendo durante días. Parecía que el sol no iba a volver a salir nunca más de entre las nubes y que las gotas jamás dejarían de estrellarse contra el suelo. Esa era la impresión de May, perdida entre nubes de vapor y cristales empañados. Aquel tiempo gris le recordaba a ella misma, como si su alma se reflejase en el cielo eternamente encapotado. Había perdido toda esperanza de poder salir a caminar, hacer yoga en el parque del centro, rodeada de charcos y del olor a tierra mojada y luego ir a tomarse un café en Starbucks. Torciendo la boca se dio cuenta también de que realmente había perdido la esperanza para cualquier cosa. Es lo que tienen los corazones rotos, no te dejan nada.
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