domingo, 8 de mayo de 2016

Oh...

—Eh...

Voz suave susurrada y ojos perdidos en la oscuridad.  

Sólo quiere escucharla a ella, así que desliza la punta de sus dedos por el brazo desnudo que rodea su pecho (es tan pequeña comparada con él. diminuta y preciosa, encajada con gracia bajo su brazo, sus labios rojos rozando su oído) y besa su largo cabello color miel.

—¿Cuando nos vamos a enamorar?

Quizás debería estar ya acostumbrado a sus raras preguntas. Quizás la breve sinceridad de este pequeño angel ya no debería chocarle. Y, sin duda, el hecho de que sea tan abierta con respecto a sus emociones sea algo maravilloso, pero cuando no sabe qué decirle deja de estar tan seguro de ello.

—¿Deberíamos estarlo?

—Quizás sí — contesta separandose de él, dejando la sábana recorrer su espalda hasta el final de su cintura —, no me he parado a pensarlo detalladamente.

(va a encender una vela. seguramente la que huele a canela y miel, porque estan hablando de cosas profundas y sólo la enciende cuando quiere estar segura de que va a saber mantener sus malas palabras en el fondo de laa garganta).

—Si me lo has preguntado es porque en algún momento te lo has planteado.

Ella frunce el ceño y tuerce la boca, un gesto que sólo ve cuando está contrariada (ó no recuerda lo que iba a hacer y por qué está en una habitación.) y que le deja claro que acaba de ganar un punto en esta discusión. Con ella todo son peleas. Peleas que parecen debates; peleas llenas de besos y gestos tiernos. Pero peleas al fin y al cabo.

—¿Podrías quererme?

Cuando la mira a los ojos sabe que ya ha perdido.