Creo que te sigue buscando a veces. Entre las sábanas; entre las miradas perdidas de la gente que se pasea por las aceras; entre las flores de un jardín descuidado; a veces incluso en su propio reflejo. Es como estar muerta. Supongo que todavía no ha comprendido que cuando te marchaste te llevaste algo suyo en el proceso. Su alma. O su vida. O sus ganas de vivir. Pero te sigue llamando entre lágrimas y ha empezado a lastimarse para acordarse de que, a pesar que ya no te tiene, sigues existiendo y tiene que seguir sintiendo al menos algo para poder encontrarte. Dolor. O pena. O miseria. O desazón. Qué más da mientras sea algo. La observo desde lejos, porque no deja que me acerque y nos ha encerrado a todos en una celda que huele a muerte y alegrías yermas. Convive con demonios que la acosan y la maltratan, pero los aguanta para no sentirse sola.
A lo mejor se ha enamorado de esta nueva vida, o quizás simplemente ya no sabe vivir de otra forma. Sé que te recuerda a todas horas, y que te anhela con cada pedazo de su ser. Pero he de decir que incluso Esperanza está perdiendo la esperanza, porque la estamos perdiendo poco a poco y cada vez que se ve en el espejo es menos ella y más un espectro de lo que fue. Parece que en su mirada de niña perdida crece una horrible negrura. Y temo que se la va a tragar en cualquier momento.
Y daría lo que fuera por volver a tenerte aquí, para que la saques de este pozo al que se ha tirado con abandono. Porque ahora mismo parece que lo único que le queda es el monstruo que vive en su pecho y se come sus entrañas con saña. Es como si no pudiera ver la luz del sol, y parece a punto de romperse cuando la roza un poco el viento.
Así que vuelve a por ella, si es que todavía eres Estabilidad, y recupera lo que una vez fue nuestro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario