La última vez que te tuve delante aparté el pelo de tu frente. Oscuro y desordenado, siempre tapándote la cara. Te dije "Te quiero", como siempre que nos despedimos. Dijiste "Y yo a ti" y nos abrazamos. Cuando me dices que me quieres se expande algo aquí. En el pecho. ¿Lo ves? ¿Lo sientes al menos? ¿Puedes entenderlo? Es calidez. Y seguridad. Es la manera en la que me apretabas los dedos al caminar. La forma en la que me molestabas a todas horas. La seguridad en tus palabras cuando había que levantarme del suelo a las cuatro de la mañana. O a las cinco. O a las seis.
Has sido la última persona por la que me he esforzado realmente. Y creo que por eso lo de después ha salido mal. Supongo que es porque sigo rota. Y nos hemos roto el uno al otro un poco con esta ley del silencio. Supongo que soy demasiado orgullosa. O demasiado estúpida. Pero si supieras las cosas que he estado haciendo estarías realmente cabreado. Y molesto. Y todo lo demás. Puedo imaginarte diciéndome "No has luchado para volver a caer en esto".
Pero supongo que sí. Supongo que he perdido. Y que me he perdido. Y que sólo queda el insomnio y el piano y las horas muertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario