Probablemente sea la última vez que te vea. Probablemente debería decirte todas las cosas que callé en su momento. Probablemente me arepentiré durante lo que me quede de vida si no te hablo de todas las veces que he querido decirte quien eres (quien fuiste) en esta etapa miserable.
Un parche.
Una tirita inútil con la que he estado tratando de parar una hemorragia que amenaza con matarme desde hace meses.
He querido tantas cosas, todas ellas tan descabelladas e inútiles, que me he visto superada por el tamaño de mis deseos más frívolos. Asi que supongo que buscarte, tenerte y perderte a diario sólo han sido mi forma de creer que tenía el control sobre mi misma.
Eres el culmen de toda mi decadencia. El orgasmo prohibido, el terror más aberrante. El escalofrío que me recorre las piernas cuando salgo de la cama en medio de la noche, el tinte que se queda pegado a las toallas cada vez que me lavo el pelo. Eres lo que saca lo peor y lo mejor de mi sólo con existir.
Porque existes. Y me haces dudar de mi misma. Siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario